Genealogía de las Cuidadoras.

 

Os dejamos la introducción al material realizado por Mujeres con Voz y Sortzen Consultoría.

Al final podéis encontrar el enlace de descarga de todo el material

Genealogía e las Cuidadoras

¿Quién y cómo nos ha cuido y nos cuida?

La invisibilización de las mujeres y de nuestro aporte, a la economía, a la ciencia, a la vida, ha sido una constante en la historia  escrita en masculino, que se ha transmitido como la única y verdadera historia.

Los movimientos feministas de la década de los 70 reivindicaron en todo el mundo los derechos de las mujeres pero, también, empezaron a rescatar del olvido sus contribuciones a la ciencia, el arte, la política, a la vida
Encontrar, reencontrar, inventar, apropiarnos del pensamiento y rebeldías de nuestras antepasadas es algo para lo que las mujeres tenemos que prepararnos porque todavía hoy tenemos que hacerlo desde los márgenes, desde un aprendizaje que no es el oficial. Y desde una subjetividad que nos hace creer a las mujeres que no tenemos nada que ver las unas con las otras porque
Brujas, comadronas, condenadas, locas, encarceladas, quemadas, científicas cuyos descubrimientos firmaron otros, escritoras frustradas… mujeres que transgredieron los patrones opresivos de sus épocas han empezado a adquirir presencia y su voz es cada vez más necesaria para aprender de lo que hicieron y no sentir que cada mujer empieza una y otra vez de cero.

¿qué nos aporta la invisible, la negada, la olvidada?

Luce Irigaray (1985) aportó al movimiento feminista su concepto de «genealogías femeninas», concepto que forma parte integral de su pensamiento y propuestas así como el de otras autoras representativas del feminismo de la diferencia (Hernández Piñero, 2006). Sin compartir todo el pensamiento de Irigaray, coincidimos con ella en la necesidad de volver la cara hacia la historia negada de nuestras madres, abuelas, bisabuelas, es decir, las mujeres de otras generaciones que desde la transgresión o la aceptación de los roles asignados por el patriarcado, han ido construyendo nuestra subjetividad, nuestra manera de vernos y entendernos como mujeres.

En el caso concreto de esta genealogía que nos ocupa, quisimos rescatar de la invisibilidad a unas mujeres en concreto: las que cuidan, aquellas que permiten que la vida cotidiana se desarrolle sin sobresaltos, o por lo menos sin demasiados.

 ¿Quiénes cuidan ahora?      ¿Quiénes han cuidado antes? 

                  ¿Cómo se ha desarrollado ese cuidado?

¿En qué contexto y qué significaba para quienes cuidaban?

Fueron algunas de las preguntas que nos hicimos al iniciar este trabajo. Por supuesto partíamos de algunas ideas iniciales, sobre todo porque sabemos que el cuidado en la actualidad es realizado mayoritariamente por mujeres inmigrantes y como ya ha sido reconocido:

Las mujeres migrantes, en una elevada proporción, han venido a cubrir los huecos laborales peor pagados, más invisibles y con menor prestigio social: el trabajo doméstico y de cuidados…

El conflicto entre mujeres y hombres por la conciliación de la vida familiar y laboral no se ha resuelto en nuestra sociedad.

Por ello, las mujeres autóctonas siguen cargando solas con buena parte del trabajo reproductivo y «resuelven» el exceso de responsabilidad y trabajo que no asumen los hombres por la vía de convertir la migración femenina en la columna vertebral del sistema formal e informal del cuidado.

(Pacto Social por la Inmigración en Euskadi, 2012)

Así pues, elaborar una genealogía de las cuidadoras nos implicó también indagar la historia de las migraciones de los últimos años y concluir que quienes cuidan, la mayoría de las veces, son «las de fuera», otras mujeres distintas, en el origen, en el habla, en el color, en las costumbres porque parece que solo desde la otredad unas mujeres pueden hacer que otras hagan las tareas que les permitirían salir de casa o quedarse en ella, pero realizando y/o realizándose en labores ajenas al cuidado personal.

A lo largo del texto haremos referencia siempre a las empleadoras, en femenino. No es porque no existan los empleadores, no negamos su existencia y los problemas específicos que algunas cuidadoras tienen con ellos. Sin embargo, la opción de utilizar el femenino y solamente el femenino, quiere resaltar el hecho político de que la gestión del trabajo de cuidar se realiza entre mujeres.

Son ellas las que emplean y se emplean

Esta relación entre mujeres, y a la sociedad le conviene que la relación se mantenga de esta manera, contribuye a la confusión a la hora de marcar límites y condiciones en el trabajo de cuidar. Parece que «de mujer a mujer» no hay necesidad de hablar de dinero, horarios, pagas extras… que «la cosa» irá dándose y se irán arreglando por el camino.

La ambigüedad nacida en esta relación donde juegan los sobreentendidos femeninos tiene una importancia real y simbólica en el trabajo de cuidar; esto es lo que queríamos resaltar en el lenguaje.

Esta búsqueda de los orígenes ha resultado apasionante aunque aún queda mucho por hacer. No creemos que hayamos realizado «la genealogía» , pero sí estamosseguras de haber rescatado las voces de las mujeres que han cuidado y que cuidan y que, además de contribuir a esta historia de las cuidadoras, y particularmente de las cuidadoras inmigrantes, hemos ahondado en el significado personal y social de lo que significa cuidar.

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN

Luciana Davies, Norma Vázquez y Miriam Herbón

Enlace de descarga: Definitiva maquetacion-genealogia-cuidadores-FINAL

 

 

 

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